Un producto tan puro y saludable como la miel española tiene dificultades por la competencia desleal. Su alta calidad es indiscutible, supera con creces la de otras mieles que se están importando. Ahí, precisamente, radica el problema. Existe una gran permisividad en el mercado, lo cual ha levantado voces en contra alertando sobre la controvertida situación.

Apicultores y asociaciones se sienten perjudicados
Los apicultores han decidido pronunciarse. Afirman que no trabajan en igualdad de condiciones, ya que los gastos de producción difieren notablemente. Las cargas laborales, así como los controles y análisis, son mayores en España. Además, el precio que reciben apenas cubre la inversión que realizan, tanto a nivel económico como temporal. Algunos se preguntan por la rentabilidad de esta actividad.
Por otro lado, las asociaciones del sector reclaman soluciones ante el panorama actual. Se está importando miel de países como China y Argentina. Dichas importaciones ascendieron a 35.000 toneladas el pasado año. Por cierto, el primer producto de Mercosur que llegará a la UE será la miel, pero con un arancel del 0%, cuando hasta el mes de abril era del 17%.

Las etiquetas no lo dicen todo
Otro aspecto conflictivo es el etiquetado del producto, incompleto e incluso engañoso en más de un caso. Mieles de dudosa procedencia están adulteradas con jarabe de azúcar o agua. La composición, que varía según el origen floral, no figura bien detallada, por lo que puede conducir a error y ocasionar amargas sorpresas.
Sin embargo, la miel española cuenta con un gran reconocimiento a escala europea y mundial. Sus altos estándares de calidad, así como su trazabilidad, dicen mucho en favor de un producto que requiere una enorme dedicación. En varios casos, se produce de forma artesanal y sostenible. Los apicultores cuidan las colmenas en entornos silvestres, extrayendo la miel cruda de forma manual o mediante el centrifugado de los panales para conservar sus propiedades. Su trabajo directo garantiza la procedencia de floraciones específicas, como brezo o tomillo.

Una miel de primera puede quedar en segundo plano
España ocupa una posición de liderazgo en Europa con respecto a la producción de miel. Asimismo, es uno de los países con más mieles amparadas bajo DOP (Denominación de Origen Protegida) e IGP (Indicación Geográfica Protegida). Presenta una gran demanda en Francia y Alemania. A pesar de todo, no tiene la salida que merece.
Las comunidades autónomas que registran una mayor producción de miel son: Andalucía, Castilla y León, Comunidad Valenciana y Extremadura. Todas ellas comparten el grado de exigencia a la hora de conseguir un producto natural 100%.
La miel española no vive un momento dulce




