Compás de espera para la sementera  

Las labores de siembra se van a demorar. Factores como la climatología, así como la subida del gasóleo agrícola y los fertilizantes, provocan el retraso y la reducción de superficie en varias provincias españolas. Numerosos agricultores se plantean incluso dejar tierras en barbecho, dado que las expectativas reales no les permitirán cubrir los costes de producción.

Debido a las tensiones geopolíticas, el precio del combustible está un 48% más caro que antes del conflicto bélico entre Irán y Estados Unidos. Según las indicaciones de la organización agraria ASAJA, el litro se encuentra en 1,649 euros y subiendo. Los fertilizantes, sobre todo nitrogenados, también se han encarecido más de un 20% al igual que la urea.

El Gobierno interviene para surtir de soluciones

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Ante semejante escenario, la autoridad competente ha reaccionado aprobando ayudas extraordinarias. En este sentido, ha ampliado en 165 millones de euros la línea destinada a la compra de fertilizantes, además, ha decidido prorrogar temporalmente la ayuda al gasóleo agrícola. Se trata de un paquete de medidas muy necesario para poder afrontar la temporada.

La posibilidad de mantenerse a la espera para sembrar se dará allí donde las lluvias, la falta de humedad o las altas temperaturas impidan preparar el terreno en las fechas habituales. En secano, como ya ocurrió el pasado año en León, no hay tempero para que nazcan los cultivos, por lo cual no se ha sembrado.

Los cereales de invierno se verán afectadas, como el trigo, la cebada, el centeno y la avena; plantas oleaginosas como la colza, también. El impacto se concentra en las principales zonas productoras, que se encuentran en las siguientes comunidades autónomas: Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y Andalucía.

La agricultura entra en el terreno de la incertidumbre

La agricultura entra en el terreno de la incertidumbre

Las consecuencias para los profesionales del campo y, por supuesto, para los mercados serán considerables. Los agricultores tendrán un menor margen de beneficio, lo que supondrá una pérdida de rentabilidad en sus explotaciones. Además, causará efectos negativos sobre toda la cadena agroalimentaria, desde cooperativas y almacenes hasta fabricantes de piensos, harineras, etc. Los ganaderos, igualmente, saldrán perjudicados, puesto que la disponibilidad de forraje para la alimentación animal será menor.

Por último, una menor producción nacional de cereales y otros cultivos obligará a depender más de las importaciones para abastecer a la industria y a la ganadería, lo que provocará un efecto alcista de los precios. Este problema añadido habrá que repercutirlo en el producto final.

La maquinaria agrícola permanece parada, tractores y sembradoras esperan su momento, a expensas de los acontecimientos, para hacer su trabajo. Se prevén ciclos cortos de siembra para adaptar la agricultura a retrasos climáticos, evitar periodos de heladas o aprovechar ventanas de tiempo reducidas entre cosechas.

La siembra no arranca con el otoño

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