Los prados son pasto de las llamas

Los graves incendios registrados a finales de julio de 2026 provocaron un enorme caos. El fuego, que se extendió desde la provincia de Ávila hasta el suroeste de la Comunidad de Madrid y el norte de Toledo, obligó a desplegar un amplio dispositivo para evacuar a miles de personas. La rápida propagación de las llamas, favorecida por el fuerte viento y las altas temperaturas, devastó amplias superficies de monte y, especialmente, zonas de pasto.

Las imágenes obtenidas por satélite, así como los datos de seguimiento del programa europeo Copernicus, muestran que buena parte de la superficie afectada corresponde a terrenos de uso pecuario. El fuego, con numerosos focos, arrasó praderas, pastizales y dehesas, que constituyen el principal alimento para vacas, ovejas, cabras y caballos.

Los ganaderos sufren las consecuencias

 Los ganaderos sufren las consecuencias

Este suceso constituye un duro golpe para el sector, que se ve forzado a afrontar importantes pérdidas. Entre otras, la desaparición de miles de hectáreas de pastos naturales; el deterioro de establos y abrevaderos; la caída de los cercados; la pérdida de reses… A todo esto, hay que sumarle el incremento de los gastos de producción al tener que adquirir forraje y pienso, así como el traslado de animales a zonas seguras.

Reina la incertidumbre sobre la recuperación de los pastizales, cuya regeneración va a durar varios años. Esto depende de factores como las precipitaciones y el estado del suelo, cuya cubierta vegetal se ha visto muy erosionada.

Ante todo, la prevención es clave. Los expertos coinciden en que continúa siendo el recurso más eficaz para reducir la gravedad de los incendios. Un adecuado mantenimiento del territorio disminuye la acumulación de combustible vegetal, además, facilita el acceso de los servicios de extinción para sofocar el fuego.

Se precisan medidas urgentes y contundentes

Se precisan medidas urgentes y contundentes

Entre las medidas de actuación, figuran la limpieza periódica de montes; el desbroce de las fincas; la conservación de cortafuegos y pistas forestales; el pasto controlado para reducir biomasa; las quemas realizadas bajo supervisión técnica; la vigilancia reforzada durante situaciones de riesgo extremo; el uso de tecnologías de detección temprana mediante satélites, drones y cámaras térmicas…

Por otro lado, se pueden hacer campañas de sensibilización ciudadana para evitar negligencias. Asimismo, la coordinación entre los organismos competentes, los servicios de emergencias y las organizaciones agrarias, es fundamental. En este sentido, se pueden elaborar planes de recuperación que contemplen ayudas económicas para los ganaderos afectados, restauración de ecosistemas y reposición de infraestructuras en granjas.

La magnitud de estos incendios pone de manifiesto la creciente vulnerabilidad del planeta frente a los fenómenos meteorológicos extremos. La recuperación de los pastos y explotaciones requerirá años de trabajo y una estrecha colaboración entre las administraciones públicas y la sociedad. Hay que reforzar, por ejemplo, las políticas de gestión forestal, la adaptación al cambio climático y, sobre todo, la prevención para adelantarse a los acontecimientos.

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