Los viticultores cierran filas para hacer frente al cambio climático

La temporada de vendimia ha comenzado en varias zonas de España antes de lo habitual, una tendencia que sorprende y preocupa a los viticultores, que hacen causa común. Los efectos del cambio climático se notan más cada año. Las altas temperaturas estivales han acelerado la maduración de la uva, además, la escasez de agua ha precipitado los acontecimientos.

En algunas comunidades autónomas, como Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía, se ha recogido la uva con unos veinte días de antelación. El Bierzo, por ejemplo, es un caso significativo porque la vendimia de este año es la más temprana que se recuerda, hasta el punto de que se ha previsto iniciarla dos semanas antes. A este respecto, la Denominación de Origen señala que durante el último lustro la campaña se ha adelantado una media de tres días por año.

Las uvas no son inmunes al calor extremo

Las uvas no son inmunes al calor extremo

La subida térmica ha reducido la cantidad de uva. Ante semejante escenario, los productores han tenido que recurrir a una gestión más cuidadosa de la masa foliar, la eliminación de la cubierta vegetal y el cultivo en zonas de mayor altitud. Vendimiar durante la madrugada, con un ambiente más fresco, ya es una práctica muy extendida.

La calidad de la uva no debería resentirse en un año así, aunque habrá ciertas anomalías. El calor y la falta de agua pueden acelerar la acumulación de azúcar mientras otros componentes de la uva no evolucionan al mismo ritmo, dificultando el equilibrio necesario para elaborar determinados vinos. Además, el tamaño de las bayas es más reducido a causa del estrés hídrico, minimizando los rendimientos por hectárea y la cantidad de vino obtenida, lo que supone una merma en la producción.

El consumo de caldos en la Unión Europea se encuentra en niveles más bajos, incluso los mercados de ultramar muestran un comportamiento similar. En este sentido, el Ministerio de Agricultura reconoce que la producción vitivinícola es especialmente sensible al cambio climático. Por consiguiente, el adelanto del calendario de las cosechas puede generar desequilibrios entre oferta y demanda, lo que repercute en la rentabilidad de los profesionales del sector.

La mecanización ayuda, pero faltan expectativas

UPA y Unión de Uniones reclaman soluciones

Las organizaciones agrarias exigen medidas que combinen ayudas económicas inmediatas con una transformación a medio y largo plazo del viñedo. UPA ha reclamado políticas con suficiente apoyo financiero para facilitar la adaptación de las explotaciones familiares al aumento de las temperaturas y las sequías. Esto conlleva implementar soluciones urgentes para garantizar su viabilidad. Entre ellas figuran el cumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria por parte de las bodegas para que los precios pagados a los viticultores cubran, al menos, sus costes de producción; la creación de una ayuda específica para el viñedo de secano en el marco de la próxima PAC; ayudas complementarias por parte de las comunidades autónomas para compensar el incremento de los costes de fertilizantes y combustible, etc.

Por otro lado, Unión de Uniones ha solicitado un plan de arranque definitivo con criterios sociales para ayudar a las explotaciones que no puedan garantizar su continuidad. Contempla, incluso, la necesidad de ajustar la superficie de viñedo a la capacidad real del mercado.

La vid constituye un cultivo estratégico para España, no solo por su peso económico y su capacidad para generar empleo y fijar población, sino también por su función ambiental. Cabe recordar que los viñedos actúan como cortafuegos naturales, contribuyen a la conservación del paisaje y desempeñan un papel esencial en la adaptación del territorio frente al cambio climático.

UPA y Unión de Uniones reclaman soluciones

La mecanización ayuda, pero faltan expectativas

Las estimaciones del mercado continúan siendo muy bajas, a pesar de que un menor stock revalorizaría el producto. Como consecuencia de la incertidumbre, algunos viticultores se ven obligados a abandonar su actividad, aunque las máquinas faciliten la labor. Esto, que se repite campaña tras campaña, está provocando una pérdida del potencial productivo del país. Un dato, España ha perdido más de 200.000 hectáreas de viñedo entre 2005 y 2025, cifra que refleja el progresivo retroceso de este cultivo.

El Ministerio de Agricultura activó para 2026 una medida de cosecha en verde, dotada con 15,9 millones de euros, orientada a reducir la producción en determinadas zonas cuyas existencias sean muy elevadas. Dicha medida tiene como objetivo evitar una sobreoferta que termine hundiendo los precios de la uva.

En definitiva, el calendario tradicional del viñedo está cambiando. A partir de ahora, el reto será decidir cuándo y dónde producir vino. Lo suyo es conseguir que esa adaptación a los nuevos tiempos no recaiga únicamente sobre los viticultores, de manera que los organismos competentes contribuyan con financiación, planificación y medidas estructurales.

La vendimia se decanta por adelantar su calendario

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