España afronta la campaña de girasol de 2026 con un escenario desigual. Este cultivo herbáceo tiene una raíz pivotante capaz de alcanzar los 2 metros de profundidad. En las principales zonas productoras ha ganado terreno, impulsado por las dificultades que presentan otros cultivos y también por las rotaciones, pero los rendimientos no están respondiendo a las expectativas en todos los territorios.
La meteorología, con lluvias abundantes en invierno y calor intenso en verano, ha condicionado la campaña. Así pues, la calidad de la pipa está siendo, por lo general, uno de los aspectos más favorables. Las precipitaciones han permitido una buena disponibilidad de agua y nutrientes, pero también han demorado la siembra y la recolección.

Las mayores comunidades autónomas se reparten su cultivo
En cuanto a su distribución por comunidades autónomas, Andalucía es una de las grandes productoras en suelo español. Si lo analizamos por provincias, Sevilla figura en primer lugar; en segundo, Cádiz; en tercero, Córdoba.
En Sevilla, las lluvias que dificultaron la siembra de parte del cereal favorecieron el trasvase de superficie hacia el girasol. La primavera húmeda benefició inicialmente al cultivo, aunque posteriormente las temperaturas elevadas aceleraron la maduración. En las zonas de regadío sevillanas se han observado parcelas con un desarrollo asombroso, cuyos rendimientos llegan a los 3.000 kilos por hectárea.
En Cádiz, la campaña comenzó con cierto retraso. Bien es verdad que en junio se hablaba de plantas débiles y bastante demora en la maduración, aunque las previsiones situaban el rendimiento en torno a 1.500 kilos por hectárea. La provincia ha acusado el comportamiento irregular de las fechas de siembra y de las condiciones de humedad.
Córdoba ofrece una radiografía muy distinta. La superficie sembrada ha aumentado un 32,6%, hasta 33.138 hectáreas, con respecto al año 2025. Sin embargo, el rendimiento medio se sitúa alrededor de 1.200 kilos por hectárea, apenas por encima de los 1.178 kilos que, según ASAJA, necesita un agricultor para cubrir costes. La buena noticia está en la excelente calidad, según los análisis realizados.
El otro gran escenario del girasol peninsular es Castilla y León, donde el cultivo ha protagonizado una gran subida. Las solicitudes de la PAC contabilizan 416.045 hectáreas en 2026. Burgos concentra 93.064 hectáreas; Palencia, 64.878; Valladolid, 60.612; Soria, 55.387. El aumento se debe al desplazamiento de superficies que no pudieron sembrarse de cereal debido a las lluvias, así como a unos costes de producción que han llevado a algunos agricultores a buscar alternativas.

Aflora un dilema en las organizaciones agrarias
Para las organizaciones agrarias, el balance tiene luces y sombras. ASAJA Córdoba destaca la mejora de la calidad y reivindica una ayuda agroambiental específica para el girasol, debido a su capacidad para aprovechar nutrientes en profundidad y a reducir el lavado de nitrógeno. No obstante, la rentabilidad sigue siendo baja.
Desde COAG Andalucía se ha puesto el acento en la expansión del cultivo. Con relación a las variedades, continúa la clara apuesta por el girasol Alto oleico, que representa aproximadamente el 80% de la superficie sembrada, frente al 20% correspondiente al girasol Linoleico.
En definitiva, el año 2026 refleja que el cultivo del girasol va en aumento y, en determinadas zonas, es de mejor calidad. Eso sí, se muestra vulnerable a la meteorología y, además, su rentabilidad no termina de convencer al agricultor. En un contexto de cambio climático, con una mayor frecuencia de episodios extremos, la capacidad de adaptación será determinante para decidir cuánto girasol se sembrará en España en los próximos años.
Un cultivo abonado a la energía solar




