La tecnología espacial es una buena aliada de la agricultura. Los satélites artificiales de la NASA y la ESA captan información sobre la humedad, el vigor y la reflectancia de la luz en los cultivos a través de sensores. Dicha información, una vez procesada, abre posibilidades para detectar plagas. Esto supone poder anticiparse a los problemas y mejorar la planificación de las cosechas.
Uno de los escenarios donde se está poniendo en práctica es la Finca Experimental Sinyent de AVA-ASAJA, ubicada en Villalonga. Allí se trabaja en estrecha colaboración con investigadores de la Universitat de València. Los ensayos cruzan imágenes satelitales con datos obtenidos mediante drones y robots para estudiar el estado de cítricos y cereales.
El objetivo es trasladar la innovación tecnológica a las necesidades reales de las explotaciones. Esto significa, entre otras cosas, ampliar la capacidad de observación de los agricultores. Destaca la herramienta Sentinel, que ofrece imágenes multiespectrales para analizar diferentes características de la vegetación. Sus datos permiten elaborar mapas de vigor y hacer un seguimiento exhaustivo de las plantaciones. Todo un logro.

Localizar plagas tiene múltiples ventajas
Una de las líneas de investigación se centra en la detección temprana de plagas, como el cotonet. Mediante imágenes e inteligencia artificial, se buscan patrones que permitan identificar zonas sospechosas y dirigir allí las inspecciones. Conviene reseñar que el satélite no sustituye al técnico, pero le ayuda a localizar dónde conviene intervenir, evitando recorridos o tratamientos innecesarios.
El tiempo es determinante en el control fitosanitario. Una plaga que se identifica cuando ya ha provocado daños puede conllevar serias consecuencias y exigir una respuesta muy costosa. Si, por el contrario, el agricultor recibe una señal temprana, tendrá la opción de inspeccionar minuciosamente una zona concreta y tomar las medidas oportunas.
La predicción de cosechas es otra de sus grandes prestaciones. Las series de imágenes, combinadas con datos meteorológicos y edafológicos, permiten estimar cómo evolucionará un cultivo y anticipar su rendimiento. Esta información tiene grandes ventajas, puesto que facilita la organización de la recolección, el almacenamiento e incluso la comercialización.

Captar datos a distancia aporta información útil
Por otro lado, la tecnología espacial también contribuye a una gestión más eficiente del agua y los fertilizantes. Al apreciar diferencias entre zonas de una misma parcela, puede ayudar a ajustar el riego y también a aplicar nutrientes de manera más homogénea. Esto se traducirá en un ahorro de recursos, reducción de costes y menor impacto ambiental.
La cobertura de los satélites es asombrosa. El hecho de sondear grandes superficies de forma periódica y comparar su evolución, mejora la capacidad de respuesta ante sequías, olas de calor, plagas, etc. No obstante, la precisión depende de la calidad de los datos y la resolución de las imágenes, las cuales deben interpretarse con criterio agronómico.
La experiencia de Sinyent demuestra que la agricultura del futuro no consiste en sustituir al agricultor, sino en proporcionarle mejores instrumentos para que pueda decidir con un mayor conocimiento de causa. Desde el espacio, los satélites ofrecen una visión amplia de las parcelas, capaz de promover una agricultura más eficiente y sostenible.
La observación espacial mira por los cultivos




